martes, mayo 26

Hoy

La Mañana me despierta despacito, encerrado aún en la maraña de olores dulces a fuerza de amar. Me despierto atónito y desorientado como siempre, palpando las zonas abrigadas y los hielos de esta guarida de a dos que construimos con las botellas vacías del anteayer y los cartones de olvido del ya me fui.
¿Y que me importa que te vayas en cuatro días? eres preciosa y estas acá mismito en mis manos, al alcance de mis ansias locas de hundir la nariz en tu cuellito vida mía. ¿La vida sigue no? ¿y que puedo hacer yo si no vivirla? mas bien nadie sabe de donde nos vamos a agarrar pa seguir ni que cuento le vamos a meter al corazón pa que se quede quieto y no se nos desboque entre canciones poemas y otros tropiezos de arte.
Estas aquí y todo lo que fue es igual a lo que pudo ser; un tiempo descolorido, lleno de quizás, de faltas de ortografía en esta carta larga que es vivir. De verdad que importa poco el que ya no estés, cuando ese no estar es un mañana que se parece tan poco a este hoy, donde te vuelves para decirme buenos y días y darme el primer beso de este día de quererte.

lunes, mayo 18

Señor Otoño

Se diría que esta objetivamente Bien y en sus cabales, compensado y casi feliz entre la gente.
Cuando las seis doblan las campanas de la ciudad se puede ver al señor otoño caminando rumbo a casa y Media Hora mas Tarde sentado en la avenida, fumando un cigarrillo a la luz de los fríos de mayo, tratando de robarle una Canción a su guitarra.
Al señor otoño le gusta mirar como se descascara el tiempo entre las alas de las palomas y las bufandas de colores, escuchar los pasos a ritmo de tap de los perros de la calle, Despertar a los viejos vagos que amenazan dormir y no despertar jamas en algún banco de plaza. El señor otoño se emociona cuando los autos están detenidos en luz roja y los sobrepasan las motocicletas, el paso urgente de los carros de bomberos, las parejas de mujeres tomadas de la mano y paseando sin culpa por las calles, el despertar del día entre la bruma.
Al señor Otoño le queda una pena todavía entre sus manos de hojas caídas. En su piel de perlados rocíos condensados se revelan estertores de algo indefinible y sin sosiego post Mortem. El Señor otoño tiembla por primera ves de soledad empedernida, de ausencia incomparable; El Señor Otoño contempla la ciudad sabiendo que ella esta perdida o encontrada en alguna calle, en algún rinconcito de Dios y La hecha de menos Cantando bajito el sountrack de sus Historias.